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Psique entre dos mundos

24 sept
2 min de lectura


Hay momentos en los que ver más no significa comprender mejor.


Me interesa esa contradicción. Vivimos intentando iluminarlo todo, como si ver más significara necesariamente comprender mejor.


Quizá por eso el rostro se pierde entre la pintura. El cuerpo aparece, pero la identidad no termina de hacerlo.


La figura parece estar entre dos lugares. 


No sé si está ascendiendo, despertando o simplemente dejando atrás algo que ya no puede acompañarla.


Es lo que mas me llamo la atención del mito de Psique.Y su necesidad de mirar, de saber qué había detrás de aquello que no podía ver. Y en cómo algunas respuestas, en lugar de aclararnos, cambian para siempre nuestra manera de mirar.



Psique ya no puede volver atrás. Tiene que atravesar diferentes pruebas y descender incluso al mundo de los muertos. Es ahí donde el mito empieza a interesarme más. Ya no se trata de descubrir quién era Eros. Se trata de descubrir quién es ella después de haber mirado.


Su propio nombre contiene parte de esa idea. Psyché puede significar alma, aliento o principio vital. De ahí procede nuestra palabra psique. 


No quería representar literalmente a Psique ni llenar la imagen de símbolos que explicaran el mito. No hay alas, no aparece Eros y tampoco vemos la lámpara. 


La figura simplemente permanece suspendida entre dos espacios. No sabemos del todo si está ascendiendo, despertando o si todavía conserva algo del descenso.


Su rostro casi desaparece. Me interesa que no podamos terminar de identificarla porque quizá la transformación también tenga que ver con eso. Con aceptar que después de determinadas experiencias no volvemos exactamente a la forma que teníamos antes.


Al final del mito, Psique regresa del inframundo, cae en un sueño semejante a la muerte y vuelve a despertar. Después recibe la inmortalidad. Pero la mujer que asciende ya no es la misma que encendió aquella vela para contemplar a su amor.


Psique significa alma, pero su historia habla también de la necesidad de mirar. De iluminar aquello que no entendemos, incluso sabiendo que descubrirlo puede romper la imagen que teníamos antes.


Me interesa pensar el cuadro desde ese lugar. No como una caída ni como una ascensión completa, sino como el momento intermedio. Cuando algo ya se ha perdido, pero lo siguiente todavía no tiene forma.


Quizá el alma tenga algo de eso. No una identidad fija que podamos encontrar y definir, sino aquello que permanece mientras seguimos cambiando.


Hay cosas que solo podemos comprender después de atravesarlas.



 
 
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